Biografía Padre Enrique Römer

Padre Enrique Römer

Padre Enrique Römer

Enrique Römer Heisterkamp, nació en Alemania el 11 de febrero de 1928, en la ciudad de Herten-Disteln, siendo uno de los seis hijos nacidos del matrimonio formado por Martín Römer y María Heisterkamp.

Realizó sus primeros estudios en la escuela Primaria de HertenScherlebeck, para posteriormente ingresar al Seminario Menor de San Clemente en la ciudad de Driburg, donde cumple con la Enseñanza Secundaria, período durante el cual debió enrolarse como combatiente en la Marina Alemana en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial.

Concluida la enseñanza Secundaria decide, junto a otros cinco jóvenes alemanes, aceptar una invitación del entonces Vicario Apostólico de la Araucanía Monseñor Guido Beck de Ramberga para venir a misionar a esta zona de nuestro país, llegando el día 17 de octubre del año 1950 a San José de la Mariquina para ingresar al Seminario Mayor donde inicia sus estudios de filosofía y luego de ellos los de teología, que lo llevarían al sacerdocio , recibiendo su consagración como tal en el mes de diciembre del año 1955, en la Catedral de Villarrica.

Antes de viajar a Alemania, celebra su primera misa solemne en la Parroquia de Máfil, para luego hacer lo propio en su tierra natal junto a los suyos, visita durante la cual le sorprendió una grave parálisis que llevó a los médicos a prohibirle su regreso a Chile, indicación que el misionero no aceptó, insistiendo ante su Obispo que se le autorizara el regreso, el que finalmente obtuvo.

Ya de regreso en nuestra zona inicia su apostolado como sacerdote en la parroquia de Cunco, para continuar luego en la Parroquia de Villarrica donde, además, cumplió funciones de secretario del señor Obispo, Monseñor Guillermo Carlos Hartl.

En el año 1960 se le encomienda asumir como Párroco en Licán-Ray, Parroquia bajo cuya jurisdicción se encuentran las localidades de Pucura, Coñaripe y Liquiñe, zona que por su extensión, accidentes geográficos, carencia de comunicaciones y falta de caminos adecuados a esa época, exigieron durísimos sacrificios y desvelos que los fieles, alumnos y la jerarquía eclesiástica pudo apreciar y constatar en su real magnitud.

Es importante destacar que el Padre Enrique creó escuelas en Melilahuén, Coñaripe Alto, La Misión de San Miguel, Trafún y Carranco, entre otras, llegando a estos apartados lugares en vehículos poco confortables… (unimoc, moto), pero que sí le permitían realizar su trabajo apostólico, llevando la palabra de Dios no solo a las Escuelas Misionales en las que él trabajaba, sino que también a escuelas fiscales en ese tiempo como Paimún, Carirriñe, Llonquén y otras, siendo muchas veces acompañado a estas misiones evangelizadoras por profesores de escuelas misionales.

Desde el año 1960 en que el Padre Enrique asumió aquella tarea evangelizadora y educacional en las localidades antes mencionadas, se ha podido observar enormes cambios y avances no solo en su aspecto espiritual o religiosos sino además, y a pesar de los precarios recursos económicos con que contaba, gracias a su tenacidad se levantaron innumerables escuelas, capillas y se reconstruyeron otras obras que fueron devoradas por incendios, como es el caso de la Misión de Líquiñe en el año 1964 y la de Misión Pucura en diciembre del año 1983. Sin perjuicio de la gigantesca obra por él realizada, sus sueños siempre han estado orientados a beneficiar a la población mapuche, marco en el cual se propuso implementar una lechería entre Pucura y Liquiñe y un hospital en Pucura, sueño que en parte logró cristalizar con lo que actualmente es la posta de primeros auxilios que allí funciona, obra que, digno es reconocer, se ha hecho realidad con recursos obtenidos en forma personal por el Padre Enrique, de entre sus amistades, familiares y coterráneos alemanes.

Su particular dedicación por el pueblo mapuche queda de manifiesto en su permanente preocupación porque ellos accedan cada vez con menos sacrificio a un nivel educacional que les permita mejorar su calidad de vida, proporcionándoles útiles, alimentación y vestuario en la medida que sus limitados recursos se lo han permitido.

No puede dejar de destacarse sus desvelos porque desde su Parroquia se contribuyera a la actividad misionera y evangelizadora de la Araucanía, aportando con el máximo de vocaciones sacerdotales y religiosas de entre los fieles de su comunidad, preocupación que lo llevó a enviar a algunos jóvenes al Seminario San Fidel de San José de la Mariquina y niñas al convento de las Hermanas Franciscanas de Purulón, entre ellas dos profesoras de escuelas misionales que realizaron sus votos como religiosas.

La identificación que ha logrado el Padre Enrique con su Parroquia y particularmente con la población mapuche, que representa la gran mayoría de sus feligreses, queda demostrada en forma manifiesta en su decisión de permanecer hasta el día de hoy en la Misión de Pucura, no obstante que por su estado de salud y lo apartado del lugar lo más recomendable y cómodo para él hubiera sido trasladarse a algún otro lugar donde se le brindara una adecuada atención médica y oportuna asistencia que su delicado estado de salud requiere.

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